El auge de la lucidez, venciendo a la fama
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A horas del cierre del mercado, los ojos se enfocaban en el norte de Londres, donde los fichajes de “renombre” han escaseado en los últimos años. La necesidad que ha causado la nueva era de las redes sociales de presentar entre bombos y platillos a “estrellas” del fútbol, aumenta la presión mediática que un club puede tener a la hora de hacer sus compras.
No es comprar por comprar. En un mercado en donde se sufre de super-inflación, los equipos cuidan cada millón que se descuenta del banco. A esto, hay que sumarle a los miles de fanáticos que se sientan en lo más alto de algún coloso recinto con la única intención de ver a su equipo ganar, sin importar cuanto costó llegar a ello.
Cada mercado suele ser un campo minado para algunos. Es remota la posibilidad que conlleva obtener el ciento por ciento de la aprobación de los seguidores con respecto a un fichaje. Desde el “¿Cómo?” hasta el “¿Por qué?” suelen hacerse presentes en estos meses del año. La figura de una salvador dentro de la cancha, es la respuesta para aquellos que ven a la derrota como el enemigo innegociable. El fútbol se encuentra en una fase comercial en donde ganar es lo importante, restando cualquier tipo de crédito a la razón de dicho resultado.
En London Colney saben - a duras penas - lo que significa fracasar en el mercado de fichajes. La partida de Thierry Henry a mediados del 2007 dejó una vacante en la delantera del gigante inglés que pocos han sabido aprovechar. Desde Marouane Chamakh, pasando por Emmanuel Adebayor, Park Chu Young, Robin van Persie, hasta llegar a Olivier Giroud. Solo algunos han saboreado el glorioso sentimiento de gritar un gol en el área de Holloway ante más de sesenta mil aficionados.
Con poca fortuna, han equilibrado sus tiempos con la metamorfosis que los grandes clubes europeos han realizado en este nuevo milenio. Pocos son los fanáticos, e incluso colegas que, entienden las múltiples gestiones que un club debe llevar para subsistir. No son solo once tipos en una cancha, cuidando el arco y buscando la ventaja en el marcador. Son centenares de personas, dependiendo de una institución en busca del crecimiento colectivo.
Llegamos al presente, sin pasar por los recuerdos del pasado, sin pensar en la ilusión de un futuro. Lucas Pérez Martínez, A Coruña, los ochenta y una larga carrera juvenil en su región natal. El presente del jugador que a mitad de su nuevo contrato cumplirá treinta años, es alentador. La heroica cifra de diecisiete goles en la pasada campaña de La Liga impulsaron su llegada al Emirates Stadium. Siendo honestos, su llegada la impulso los intentos fallidos por algún otro delantero de calibre internacional.
Con los prejuicios que esto conlleva, era inevitable la creación de una matriz de opinión a manos del triunfalismo emergente. Aquellos que, con muy poco que opinar, resaltan por encima de todo la obtención de trofeos como el de la Copa de Europa. Para los clubes, la consagración europea suele ser una utopía, incluso los más grandes suelen evadir responsabilidades en dicha competición, ya que no está a previo alcance de alguno.
Con respecto a Lucas Pérez, un tipo que vivió sus únicas experiencias fuera de España en progresivos países como Ucrania y Grecia, las opiniones preconcebidas no figuran. La urgencia de un delantero que alterara el orden de preferencias en esa zona, era justa y necesaria. Con el, llegaron los primeros votos a favor de una de las mejores gestiones del mercado. Por menos de veinte millones, el Arsenal cubrió su plaza en el ataque, en el mismo mercado que un argentino emigró del sur, al norte de Italia por casi cien.
Los problemas en Londres no se resolverán cuanto antes. Lucas Pérez es un alivio para lo que sería, la última temporada de Arsene Wenger al frente del barco. A pesar de ello, el hermetismo en los alrededores de Holloway irá en aumento, conforme los Manchester sigan triunfando. No es tiempo de presagiar lo que puede lograr cada equipo, eso se lo dejamos a la corriente resultadista, que multiplica a sus fieles de forma incesante. El mayor logro del gallego será el sentir que pueda causar, aunado a la consolidación de un juego que necesita a un ‘killer’ con muy buen pié.
Con ventaja parte Olivier Giroud, aquel tardío jugador que llegó del heroico Montpellier. Pero el demérito que conlleva la figura del francés ha ido en aumento. Es cuestión de tiempo para que el recién llegado de Galicia se haga un espacio en el once titular, desplazando al corpulento subcampeón de Europa. Como si de un anochecer se tratara, la Era Wenger se asoma a la oscuridad. Las críticas sobre búsquedas infructuosas no cesarán. Tal vez porque, el fanático se alimenta de lo que en la televisión se refleja. Hoy en día se enseña a cuestionar la derrota, como medio de presión para la obtención de nuevos talentos.
Una nueva temporada se ha pautado como iniciada. Grandes en trajes de pequeños, pequeños en trajes de grandes. El mercado no ha sido más que una muestra de lo manchada que está nuestra sociedad. Por lo pronto, se apreciará lo que jugadores como Lucas Pérez, pueden aportar. No apoyarse en corrientes amarillistas. No informar por informar. La razón de las acciones debe ser la guía para re-construir una sociedad que se consume entre papeles de diferentes denominaciones. Es hora de captar lo que un futbolista, como ser humano dentro de la cancha, puede ofrecer.
"El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo" - Friedrich Nietzsche

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